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Las operaciones satánicas están dirigidas al intento de destruir toda la obra de Dios. Particularmente al ser humano. Ahora bien, como todo lo que hace el ser humano no queda en la pura individualidad, porque somos seres “sociales”, tenemos que las acciones individuales tienen efectos sociales y políticos.

La historia es el lugar en el cual se desarrolla la rebelión del demonio contra el Reino de Cristo. Por lo tanto, toda manifestación social o política debemos analizarla teniendo en cuenta este principio.

La aparición de la Virgen Santísima en Fátima, teniendo en cuenta lo antedicho, se inscribe dentro de las intervenciones divinas en la historia humana, intervenciones que se dirigen hacia un fin sobrenatural, en primer término, pero con incidencias en lo social y político, como efecto buscado y querido.

La Virgen nos invita a la conversión personal, al rezo del Rosario, a la devoción a su Corazón Inmaculado… pero advierte que si esas “obras” no se realizan, acontecerán guerras, habrá persecuciones, y hace especial mención a un país: Rusia.

Una prueba más de la incidencia social y política de las intervenciones divinas y de las acciones religiosas individuales. Con respecto a la historia humana tres aniversarios tienen lugar este año 2017:

1º) la Revolución Protestante, con la publicación en el año 1517 de las 95 Tesis en la Puerta de la Catedral de Wittenberg, Alemania, por Martín Lutero; con sus ideas y sus acciones, esta Revolución busca negar –por primera vez en mil quinientos años de Cristianismo– la necesidad de la Iglesia Católica para la Salvación.

2º) La fundación de la Gran Logia de Londres, en el año 1717, (la masonería tuvo fuerte intervención en la independencia de Estados Unidos y, luego, a instancias del embajador “americano” en Francia, Benjamín Franklin, en Revolución Francesa); con sus ideas y sus acciones, esta Revolución busca negar ya no sólo la Iglesia sino también la Divinidad de Cristo, apenas refiriendo la existencia de una “deidad” impersonal o “gran Arquitecto universal”.

3º) y, por último, la Revolución Soviética del año 1917, que, con sus ideas y sus acciones, buscó negar directamente a Dios y borrar su nombre de la faz de la tierra.

Pío XII, en su discurso a los hombres de la Acción Católica el 12 de octubre de 1952, resumió así:

«Cristo sí, la Iglesia no (la Revolución Protestante contra la Iglesia); después: Dios sí, Cristo no (la Revolución Masónica); finalmente, el grito impío: Dios ha muerto; mejor dicho: Dios jamás ha existido (la Atea Revolución Comunista). Y aquí –concluye Pío XII– tenemos el intento de construir la estructura del mundo sobre fundamentos que no vacilamos en señalar como los principales responsables del peligro que amenaza a la humanidad».

Sin embargo, este año hay un cuarto aniversario: 2017 es también el primer centenario de las apariciones de Fátima.

El secreto de Fátima: Rusia dispersará sus errores en todo el mundo

El término “errores” es preciso: el error es la negación de la verdad. La verdad entonces existe y sólo hay una verdad: aquella hemos recibido de los Apóstoles. Los errores de Rusia son los de una ideología que se opone al Orden Natural y cristiano.

Este complejo de errores tiene un nombre: Marxismo. Y tuvo en la Rusia soviética (no así en la actual) su centro universal de difusión.

El anticomunismo del siglo XX ha luchado contra el Marxismo con las armas de la política y de la guerra. Y por eso ha fracasado: un mal espiritual debe ser enfrentado con armas espirituales.

Una vez caído el muro de Berlín y desaparecido el régimen soviético, Occidente proclamó “el fin de la historia” (Fukuyama) y no advirtió que solamente se había roto la cubierta de la semilla y comenzaba a germinar el verdadero marxismo.

Hoy hablar de marxismo es hablar de ideología de género.

El profesor Siro De Martini, en una excelente exposición en el año 2011, en el Seminario de La Plata, nos ilustró sobre las raíces ideológicas de la ideología de género. Los propios comunistas resumen sus errores en la fórmula del materialismo dialéctico: el universo es materia en evolución y la dialéctica Hegeliana es el alma de esta evolución.

Esta visión filosófica panteísta tiene su expresión política en una sociedad sin clases. El igualitarismo social y político deriva del igualitarismo metafísico, que no sólo niega la distinción entre Dios y el hombre, sino que diviniza la materia negando toda distinción entre los hombres y las cosas creadas.

La Creación posee un principio jerárquico. Por el contrario, el Orden Natural creado distingue los entes, no los iguala. Es un orden jerárquico.

A la jerarquía celestial (ángeles) corresponde, en la tierra, una jerarquía en el orden religioso y luego en el orden político. En la sociedad humana el poder no emana de la voluntad ciudadana.

Todo poder viene de Dios: (lo que no significa sacralizar la iniquidad: toda persona que ejerció el poder será juzgada no solamente por su conducta personal, sino, además, específicamente por el ejercicio del poder que Dios le ha dado)

Por ejemplo: Poncio Pilatos: “Tú no tendrías poder sobre mí si no te lo hubiera dado mi Padre” (Jn. 19, 11)

“Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,…” (1 Tim. 2, 2-3)

“Sométase toda persona a las autoridades constituidas; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí…” (Rm. 13, 1-5)

Se entiende que el sometimiento no es hacia los actos de gobierno inicuo: de hecho, los Apóstoles resistieron la orden político-religiosa de quemar incienso ante la estatua del Emperador. La labor del demonio hoy consiste en destruir todo vestigio de autoridad, majestad y jerarquía.

Por el contrario, el proyecto de Dios no es igualitario. El proyecto igualitario es el de Satanás, primer protestante, primer revolucionario, primero en exigir la destrucción de la jerarquía divina levantándose directamente contra Dios.

Pero así como el demonio mantiene su poder jerárquico sometiendo a otros ángeles, así los protestantes que protestan contra la autoridad de la Iglesia se convierte cada uno en un “Papa” que dicta dogmas e interpreta la Escritura, y los revolucionarios establecen nuevas jerarquías, opresoras y despiadadas… y por supuesto “revolucionarias”…

Después del colapso de la Unión Soviética los errores del marxismo fueron como liberados del envoltorio que los contenía para propagarse sobre todo en Occidente bajo la forma de relativismo cultural y moral.

Tenemos que reconocer el hecho de que la profecía de Fátima, según la cual Rusia habría esparcido sus errores en todo el mundo, se ha cumplido.

En el caso de la ideología de género ésta supone que tanto el concepto de “varón” como el de “mujer” (el concepto y la realidad misma varón-mujer) fueron “construidos”.

No hay nada “natural” en el hombre, sino que todo es fruto de relaciones de poder entre grupos y personas. Todo se reduce al apetito de poder de unos sobre otros.

Este modo de pensar, su modo dialéctico de entender la realidad, no implica vincularlo con las concreciones políticas históricas del marxismo: países comunistas, movimientos guerrilleros, incluso (no necesariamente) partidos comunistas.

Hoy la ideología de género está de hecho presente en partidos liberales y llamados “de derecha”. . En Argentina aparece en todos los principales partidos (aunque no en todos sus miembros). Esto se debe a que su interés no es político partidario sino cultural.

¿Por qué decimos que la ideología de género tiene su origen en la ideología comunista-socialista?

Para ello basta citar un texto de Friedrich Engels, “camarada” de lucha y pensamiento de Carl Marx, en su libro “El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (pág. 12, Madrid, Ed. Fundamentos 1970):

“El móvil esencial y decisivo al cual obedece la humanidad en la historia, es la producción y la reproducción de la vida inmediata… Por un lado, la producción de los medios de existir, de todo lo que sirve para alimento, vestido, domicilio…; por otro, la producción del hombre mismo, la propagación de la especie”

En consecuencia, producción (de cosas) y reproducción (de personas) están sometidas a una misma ley de lucha de clases. Si la clave de la historia es la lucha de clases, la clave del matrimonio y la familia debe ser la lucha de sexos. Engels entiende que la primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de los hijos.

El estimará que el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el varón y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino.

Así, la monogamia entró en escena bajo la forma de esclavizamiento de un sexo por el otro, proclamación de un conflicto entre los sexos, desconocido hasta entonces en la historia. El varón, en la familia, equivale a la burguesía, y la mujer representa en ella al proletariado.

La consecuencia lógica de este paralelismo es la lucha por la emancipación de la mujer a través de un proceso revolucionario, su necesaria apropiación de los medios de reproducción (en este caso relacionados con la genitalidad) y la llegada final de una sociedad sin sexos.

Un paso más en el pensamiento marxista lo da Simone de Beauvoir, con su libro “El segundo sexo” (1949).

Allí ella comienza criticando la concepción de Engels de reducir la oposición entre los sexos a un conflicto de clases. Es algo más. En la sociedad humana la mujer ni siquiera es parte de una “clase”…

Para ella la historia debe interpretarse en clave de opresión y explotación de la mujer, porque la mujer es un Otro, ante el varón carece de reciprocidad, es un objeto pasivo sin libertad.

 “Desde los primeros tiempos del patriarcado los hombres consideraron útil mantener a la mujer en un estado de dependencia: establecieron códigos contra ella y así la constituyeron como la Otra, lo cual servía a sus intereses económicos, pero también a sus pretensiones ontológicas y morales” (Le Deuxième Sexe. Paris, Gallimard, 1976, tomo I, pág. 237)

El modo de marginarla ha sido limitarla a las tareas de reproducción y al trabajo doméstico: De Beauvoir llamó a esto “trampa de la maternidad”.

Las actividades de procreación y maternidad son actos repetitivos que le  impiden a la mujer trascender, que la hacen pasiva, que no la diferencian de los animales. La función reproductora esclaviza.

De este modo engendrar, amamantar, no constituyen actividades, son funciones naturales; ningún proyecto les afecta; por eso la mujer no encuentra en ello el motivo de una altiva afirmación de su existencia; sufre pasivamente su destino biológico.

Las faenas domésticas a que está dedicada, puesto que son las únicas conciliables con las cargas de la maternidad, la confinan en la repetición y la inmanencia; son faenas que se reproducen día tras día, bajo una forma idéntica que se perpetúa casi sin cambios siglo tras siglo; no producen nada nuevo.

Llega a decir que la peor maldición que pesa sobre la mujer es hallarse excluida de esas expediciones guerreras; porque no es dando vida, sino arriesgando la propia, como el varón se eleva sobre el animal; por ello en la humanidad reconoce la superioridad, no al sexo que engendra, sino al que mata…

Para la autora la “ideología” cristiana ha contribuido no poco a la opresión de la mujer… En una religión donde la carne es maldita, la mujer aparece como la más temible tentación del demonio (!).

Hay sólo un modo de liberar a la mujer: según Simone De Beauvoir debe obligarse a la mujer a liberarse del trabajo de “madre”:

“Pensamos que ninguna mujer debería tener esta opción. No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a sus hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por ella”.

Excursus: puede hacerse de tres formas:

  1. mediante régimen totalitario.
  2. por convencimiento de una minoría
  3. por imposición a la mayoría mediante técnicas de propaganda y de guerra psicológica.

Por lo tanto la mujer debe emanciparse:

a) del dominio y de la explotación del varón, y, por lo tanto, de las instituciones que sirven a este fin, tales como el matrimonio y la familia;

b) de la represión sexual a la que ha estado sometida por la religión y la moral tradicionales.  

En la concepción de la ideología de género la heterosexualidad no es una realidad natural, sino cultural. Ha sido socialmente construida, y es impuesta a las mujeres a través de fuerzas estructurales controladas por los varones.

Por tanto, la heterosexualidad es el dispositivo del poder actual para controlar a las mujeres, y es, por consiguiente, una institución política; una ideología, una construcción social. En paralelo con la doctrina marxista de que la superestructura filosófica, jurídica, artística depende de la infraestructura económica, el feminismo sostiene que ciertas ideas e instituciones han surgido como consecuencia de las relaciones de opresión entre los sexos.

Ejemplo: se sostiene que el hombre se apropia de la energía sexual femenina, distorsionándola con dos tipos de mitos: el amor romántico y el matrimonio. Ambos construyen la fantasía mutua sobre el amor heterosexual más comúnmente aceptada en nuestra sociedad: la familia.

Toda relación sexual es una relación de poder. En consecuencia, es una relación política (lema: “todo lo personal es político”).

Como consecuencia: para conquistar el poder (en sentido amplio) la mujer debe hacerlo a través del sexo, de una revolución sexual.

De acuerdo a la concepción dialéctica, la revolución se ha de extender de modo transversal a todas las instituciones sociales. Es decir, para esta ideología el varón ha creado lo que llamamos “naturaleza femenina”. Para ello ha desarrollado una construcción social que es la “heterosexualidad”.

Para tener a la mujer sujeta y oprimida se vale de la maternidad y de instituciones que le sirven de soporte (matrimonio, familia, trabajo doméstico, crianza de hijos). Todo esto constituye el sistema de dominación básico sobre el que se asienta todo otro sistema de dominación.

Si el sistema de dominación patriarcal (opresión y explotación de la mujer), es el sistema de dominación básico sobre el que se asientan todos los sistemas de dominación; al encarar la destrucción del sistema de dominación patriarcal, se está encarando, la destrucción de todo otro sistema de dominación política y económica.

Y la forma de controlar los medios de reproducción es la abolición de la familia biológica. (Dirá Shulamith Firestone)

Y así como la meta final de la revolución socialista era, no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarán culturalmente.

Si la heterosexualidad es una institución política, que el sistema patriarcal hizo obligatoria a fin de imponer a las mujeres el modelo de sexualidad reproductiva, la abolición del sistema heterosexual no le compete sólo a las lesbianas sino a todas las feministas como paso importante para cambiar la sociedad.

Por eso, la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo ha sido una conquista del feminismo socialista, no de los homosexuales. Estos han sido, una vez más, instrumentalizados.

La ideología de género no se limita al plano genital, sino que es un prisma a través del cual se ve, y se transforma, toda la realidad.

No importa tanto que el género, el matrimonio, la familia (y el resto de la realidad) sean una construcción social, lo que les importa es convencer a la gente que sólo existen construcciones sociales.

Esta es la revolución.

¿Cuál es la estrategia de ellos? Ante todo, tomar el poder. No buscando gobernar un Estado (solamente) sino, sobre todo, el poder en todas sus diversas y principales manifestaciones vinculadas con la cultura.

La revolución es cultural. Sus postulados no son siquiera lo de los partidos mayoritarios. Pero se hacen parte de esos partidos y ocupan posiciones relevantes en el campo de la cultura, la educación y los medios de comunicación.

Se trata de actuar sobre todo aquello que es aceptado como natural para persuadir que son construcciones sociales, por tanto creadas por el hombre, por tanto relativas, subjetivas y cambiables.

Conclusión:

Las operaciones satánicas están dirigidas al intento de destruir toda la obra de Dios.

Particularmente al ser humano. Ahora bien, como todo lo que hace el ser humano no queda en la pura individualidad, porque somos seres “sociales”, tenemos que las acciones individuales tienen efectos sociales y políticos.

La historia es el lugar en el cual se desarrolla la rebelión del demonio contra el Reino de Cristo. Por lo tanto, toda manifestación social o política debemos analizarla teniendo en cuenta este principio.

La aparición de la Virgen Santísima en Fátima, teniendo en cuenta lo antedicho, se inscribe dentro de las intervenciones divinas en la historia humana, intervenciones que se dirigen hacia un fin sobrenatural, en primer término, pero con incidencias en lo social y político, como efecto buscado y querido.

La Virgen nos invita a la conversión personal, al rezo del Rosario, a la devoción a su Corazón Inmaculado… pero advierte que si esas “obras” no se realizan, acontecerán guerras, habrá persecuciones…

El Señor y la Virgen no nos envían a ganar batallas, nos envían a combatirlas. Toda guerra se compone de batallas ganadas y batallas perdidas. También ésta. La diferencia es que nosotros conocemos el final de esta guerra: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Con esta certeza y con esta esperanza, mantengamos las posiciones en la trinchera, porque aunque se pierdan muchas batallas, ciertamente no perderemos la guerra.

Embrazando las armas espirituales busquemos mantener la vida espiritual aún en desmedro de la vida terrenal: honra, carrera, honores…

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina!


Texto de la conferencia brindada por el P. Alejandro Díaz, Sacerdote de la Arquidiócesis de La Plata, exorcista, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de Cambaceres, Ensenada, el sábado 24 de junio de 2017; con el marco de las fiestas patronales.

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