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(Gaudium Press/InfoCatólica) El Arzobispo católico de rito latino de Moscú, Rusia, Mons. Paolo Pezzi, visitó el Santuario de Fátima, Portugal, el pasado 13 de julio, y predicó sobre la persecución a los cristianos y el sentido de su testimonio.

En su visita, el Obispo de Leiria-Fátima, Mons. Antonio Marto, a indicó que constituye «un día memorable, histórico para la celebración de este Santuario», debido a que «tenemos por primera vez con nosotros la Iglesia Católica rusa, con sus Obispos, para dar gracias a la Virgen por la paz que le dio y recordar esa promesa de consuelo y de esperanza para la humanidad y para la Iglesia».

«El siglo XX se caracterizó por una persecución particularmente sangrienta. Por desgracia, cuando una sociedad renuncia al anuncio del Evangelio se convierte fácilmente en víctima del totalitarismo, el poder del hombre sobre el hombre», se lamentó Mons. Pezzi en su homilía. «De hecho, no hay ninguna época en la historia que no haya tenido sus mártires».

En medio de las sombras por las acciones de mentira, calumnia y persecución brilla el testimonio de los creyentes desde los primeros siglos.

«Sí, queridos hermanos y hermanas, es reconfortante saber que hay una manera de superar el odio en el mundo, y es la cruz de Cristo», expuso el prelado. «Esto mismo nos lo recordaron los mártires del siglo XX: el testimonio de un amor libre vence incluso el odio más irracional».

El Arzobispo animó a participar de la vocación misionera de la Iglesia como una responsabilidad de todos los creyentes sin importar su edad o condición. Para esto propuso el ejemplo de la Santísima Virgen, quien fue «testigo y dócil esclava del Señor». Ella se convierte en el primer templo de Cristo y la primera Iglesia.

«Pidamos a la Virgen de Fátima la gracia de la conversión a su Hijo, pidamos al Espíritu nos haga volver la mirada a Cristo, la fuente de toda paz, consuelo, y de la creatividad para nuestras vidas y las vidas de nuestros hermanos».

Mons. Marto agradeció la presencia de la delegación de la Iglesia rusa antes de la despedida de la solemne procesión: «Gracias por su testimonio sobre el don de la consolación divina», indicó, calificando a la Iglesia Católica Rusa como una Iglesia «pobre y paciente, pero ricos en fe y esperanza».

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