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(America Magazine/InfoCatólica) En una carta a la ministra de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland, el obispo Douglas Crosby de Hamilton, presidente de la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos (CCCB), expresó su «profunda preocupación» por un discurso que Freeland pronunció el 6 de junio ante la Cámara de los Comunes, en el que aseguró que el derecho al aborto y el reto de derechos sexuales reproductivos «están en el centro de la política exterior canadiense».

Los obispos también criticaron al primer ministro, Justin Trudeau, por haber comprometido 650 millones de dólares para apoyar la financiación del aborto en el extranjero, lo cual contrasta con los 119,25 millones destinados a ayudar a 20 millones de personas que corren el riesgo de morir de hambre en Sudán del Sur, Yemen, Nigeria oriental y Somalia.

La carta de Mons. Crosby discrepa vehementemente de que el aborto sea «el núcleo» de la política exterior de Canadá, que hasta ahora siempre se ha centrado en «la paz internacional, el orden justo, el libre comercio, la ayuda externa y la estabilidad global».

«Si bien los obispos católicos de Canadá comparten su preocupación por promover el respeto y la dignidad de las mujeres -un tema al que la Conferencia de episcopal y los católicos canadienses otorgan gran importancia- sentimos la necesidad de señalar con todo respeto que su declaración es errónea, confusa y equivocada».

El obispo Crosby señaló que muchos asuntos importantes para las mujeres están siendo «pasados ​​por alto y silenciados». Por ejemplo, «los acuerdos económicos de Canadá con países en los que las niñas son asesinadas por no ser varones, en los que las mujeres ganan menos que los hombres por el mismo trabajo o donde no gozan de los mismos privilegios legales, y donde no hay protección contra la violación, la violencia física y otras formas de abuso».

«Los canadienses reconocen estas violaciones graves de los derechos humanos -en realidad, como crímenes atroces en ciertos casos- mucho más rápida y unánimemente que la oposición al aborto y la anticoncepción artificial», escribió el obispo.

El prelado señaló además los riesgos para la salud que provoca el aborto y algunos métodos anticonceptivos y desafió la idea de que el aborto es «un valor canadiense o un derecho».

«¿Cómo puede hacer tal declaración en el Parlamento cuando la Corte Suprema del Canadá sostuvo en el caso R. v Morgentaler (1988) que no había ninguna base constitucional en la Carta para el derecho al aborto a petición?» preguntó.

El obispo Crosby también afirmó que la política de Freeland sobre el aborto en el extranjero contradecía la posición que la ministra adoptó en otras partes de su discurso, como cuando afirmó que no es «papel de Canadá el imponer nuestros valores en todo el mundo». No hay consenso sobre el aborto ni en el país ni en el extranjero, recalcó el presidente de la CCCB.

«Más específicamente, con respecto a una política exterior basada en la defensa del aborto y los derechos sexuales reproductivos, ¿ha olvidado Canadá que para una población considerable (dentro y fuera del país) el niño no nacido es considerado como un ser humano creado por Dios y digno de la vida y del amor? » preguntó.

«Esta posición moral se puede encontrar entre judíos, musulmanes, hindúes, cristianos ortodoxos, un buen número de cristianos protestantes, católicos romanos y orientales, además de muchas otras personas de buena voluntad, incluidos los no creyentes».

La carta del obispo Crosby cuestiona «si es sabio o responsable» colocar la defensa del aborto y los derechos reproductivos sexuales en el centro de la política exterior canadiense, «sabiendo muy bien que no sólo son legalmente controvertidos, sino completamente contrarios a las profundas convicciones de muchos, tanto dentro como fuera de las fronteras de Canadá».

«En estos tiempos de incertidumbre, cuando la voz y el liderazgo de Canadá son importantes para muchos temas, desde el cambio climático hasta la paz mundial, no se puede permitir que la ideología política dicte la política exterior y desprecie el sentido común y nuestras responsabilidades humanitarias».

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