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(El Comercio) Nicolás Maduro, tres de sus delegados, el secretario general de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús Torrealba, y otros cuatro representantes de la oposición, se sentaron a la mesa en un museo en las afueras de Caracas, acompañados por enviados del Vaticano y de Unasur, como facilitadores de los acercamientos.

«Asumo mi compromiso total y absoluto con este proceso de dialogo. A la MUD le tiendo la mano y le tiendo la palabra también para conversar», dijo Nicolás Maduro frente a los representantes de la oposición.

«Hagamos el mejor de nuestros esfuerzos para avanzar de manera progresiva y sostenida», añadió el mandatario socialista. La MUD no intervino.

Tras su corto discurso, Nicolás Maduro se levantó de la mesa para estrechar la mano a sus adversarios, con quienes suele cruzar duros insultos, y luego se retiró del lugar.

Los negociadores permanecían en el museo junto con los representantes del Vaticano y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), incluido su secretario general, Ernesto Samper, y el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

MUD dividida ante diálogo

Las conversaciones fueron promovidas por el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales del Vaticano, Claudio María Celli, quien manifestó que el papa Francisco «está hondamente preocupado por las tensiones» en Venezuela.

«El hecho de que estemos aquí es un momento muy positivo, pero hay que mirar lejos (…), les deseo un buen camino, un buen proceso de diálogo», agregó Celli, quien pidió a las partes «gestos concretos». No se informó por ahora de la metodología de estos acercamientos.

La MUD está dividida frente al diálogo. Momentos antes del inicio de las conversaciones emitió un comunicado confirmando que uno de sus principales partidos, Voluntad Popular, fundado por el encarcelado Leopoldo López, se retiraba de los contactos porque cree que «no están dadas las condiciones», al igual que otras 15 quince agrupaciones de la coalición.

La MUD precisó que la de este domingo era una «reunión exploratoria convocada por el Vaticano para definir los elementos que contribuirían a la realización de un eventual diálogo».

Gobierno y oposición habían confirmado el sábado su asistencia el encuentro.

Incluso, Nicolás Maduro canceló su participación en la Cumbre Iberoamericana que se celebró el sábado en la ciudad colombiana de Cartagena.

Torrealba también ratificó su comparecencia, aunque reconoció que existía un clima de «escepticismo y desconfianza».

Este domingo, la Iglesia llamó a «respetar el compromiso» de iniciar conversaciones y evitar así una «espiral de violencia que suma en un mayor sufrimiento» de los venezolanos.

Acusaciones mutuas

Previo a la cita, las partes intercambiaron acusaciones por la convocatoria de la oposición a marchar el próximo jueves hacia el palacio presidencial de Miraflores.

Jorge Rodríguez, delegado del gobierno para el diálogo, calificó ese llamado como una «locura» y reiteró denuncias sobre supuestos planes para «generar violencia» y precipitar un golpe de Estado.

«Ojalá que la oposición entienda el nivel de locura de esa manifestación (…) ¿Durante cuánto tiempo la gente de oposición seguirá aceptando propuestas de violencia y zozobra?», inquirió Rodríguez en una entrevista televisiva.

A la convocatoria opositora, el chavismo respondió citando a sus partidarios en la casa de gobierno el mismo día. «Vamos a estar esperando», advirtió el sábado el vicepresidente, Aristóbulo Istúriz.

Uno de los principales líderes de la MUD, el excandidato presidencial Henrique Capriles, tildó ese anuncio como una incitación a una «guerra en Miraflores».

Capriles lideró el pasado miércoles una marcha de cientos de miles de opositores en Caracas.

Las tensiones políticas arreciaron tras la suspensión del proceso de referendo revocatorio que la oposición impulsaba contra Nicolás Maduro, por fallos judiciales que anularon un recaudo de firmas necesario para su activación.

A raíz de ello, el Parlamento de mayoría opositora denunció una ruptura del hilo constitucional y se dispone a declarar a Nicolás Maduro en «abandono» del cargo por presunto incumplimiento de sus funciones.

Un juicio político no está previsto en la Constitución y, en todo caso, la justicia -según la MUD secuestrada por el gobierno- declaró en «desacato» a la Asamblea Nacional, por lo que sus decisiones son consideradas ilegales.

Según una encuesta de la firma Hinterlaces divulgada este domingo, 83% de los venezolanos está de acuerdo con un diálogo y 87% apoya la mediación del papa Francisco.

Venezuela sufre una severa crisis económica agravada por la caída del ingreso petrolero, con una severa escasez de alimentos y medicinas y la inflación más alta del mundo, proyectada por el FMI en 475% para 2016.

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